Mariángel Carrillo, de nacionalidad venezolana, tomó una decisión que marcó un nuevo giro en su vida migrante al abandonar Estados Unidos tras siete años de residencia en Weston, en Florida, impulsada por la política migratoria adoptada por el presidente de EEUU, Donald Trump.
La mujer, que había llegado en busca de seguridad y estabilidad, explicó a CNN que el endurecimiento de los operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) la empujaron a dejar el país.
LEA TAMBIÉN: LO DEPORTARON DE ESTADOS UNIDOS Y CUATRO DÍAS DESPUÉS FUE ASESINADO EN VENEZUELA
Lo que en un inicio fue un refugio frente a la violencia en Venezuela, terminó convirtiéndose en un escenario de miedo y persecución.
Carrillo había emigrado desde Barquisimeto, su ciudad natal, junto a gran parte de su familia, buscando escapar de la inseguridad que marcaba su cotidianidad.
En Florida, comenzó trabajando como asistente social en una clínica durante cuatro años, y posteriormente obtuvo licencia para ejercer como bróker de seguros.
Esa etapa, según relató, fue de prosperidad y agradecimiento. Estados Unidos le ofreció la tranquilidad que no encontraba en Venezuela. Sin embargo, esa sensación se quebró con el regreso de Trump a la Casa Blanca.
REDADAS DE ICE
La migrante relató que, con el refuerzo de los operativos de ICE, “de un momento a otro” se sintió perseguida.
El temor de ser detenida en la calle, de hablar o incluso de expresar opiniones, la paralizó, recalcó. Paradójicamente, el mismo miedo que la había obligado a salir de Venezuela reapareció en el país que había elegido como refugio.
Explicó que su trabajo como bróker, que requería recorrer calles y buscar clientes, se convirtió en una fuente constante de ansiedad.
«Quieren hacer ver que solo persiguen a la gente que hace daño o que está ilegal y no es así», comentó.
De hecho, Carrillo subrayó que su preocupación era compartida por otros miembros de la comunidad hispana.
Insistió en que las autoridades intentan mostrar que solo persiguen a personas que hacían daño o estaban en situación irregular, pero en la práctica también alcanzaban a trabajadores «con permisos vigentes».
Afirmó que ella misma contaba con un permiso de trabajo válido hasta 2030, pero aun así vivía con miedo. «Están tratando como criminales a personas que contribuyen con impuestos», repitió.

MODIFICÓ SU RUTINA
En un intento por reducir riesgos, Carrillo modificó aspectos de su vida cotidiana: cambió su carro por el de su hermana, temiendo que el ICE detuviera vehículos de cierto perfil, y retiró una imagen religiosa de su automóvil para evitar ser identificada como latina.
Estas medidas le recordaron a Venezuela, donde la estrategia era distinta: “Tenías que bajar de gama de automóvil para que no te secuestraran”, recordó, en alusión a la fuerte inseguridad que se vive en el país.
LA DECISIÓN DE IRSE DE ESTADOS UNIDOS
Finalmente, en septiembre del año pasado, decidió salir de Estados Unidos y trasladarse a España.
Allí obtuvo una visa de nómada digital, que le permite residir durante tres años, mientras trabaja de forma remota para empresas extranjeras.
En Madrid, asegura haber recuperado la seguridad y tranquilidad que había perdido.
«Me han tratado muy amablemente», expresó, destacando que solo tiene palabras positivas sobre su nueva etapa en Europa.
Carrillo se siente realizada en la capital española y planea permanecer allí a mediano plazo. A largo, no descarta regresar a Venezuela, aunque reconoce que empezar una nueva vida en otro país, a cierta edad, es un desafío.
Por ahora, su objetivo es consolidar esta etapa y mantener la estabilidad que tanto buscó. «Le pido a Dios que todo siga bien», concluyó.

