En 1966 llegó a Nueva York con un MBA bajo el brazo, David Walentas, quien es al día de hoy uno de los hombres más ricos del mundo según la revista Forbes; sin embargo su historia está llena de obstáculos que poco a poco fue superando para convertirse en multimillonario.
Al poco tiempo de llegar a la Gran Manzana, descubrió que su pasión no era la consultoría, sino la propiedad, por lo que su gran apuesta fue una zona industrial marginal entre los puentes de Brooklyn y Manhattan.
No obstante, era una época difícil y los bancos le dieron la espalda, por lo que Walentas llegó incluso a vender su plasma sanguíneo para poder comer, mientras perseguía su sueño inmobiliario.
Actualmente su fortuna se estima en unos 2.000 millones de dólares, por lo que a sus 88 años, el visionario detrás del barrio Dumbo en Brooklyn, es el testimonio viviente de que el éxito no siempre requiere un plan maestro, pero sí una voluntad inquebrantable de hacer «el trabajo que nadie más quiere».
CARRERA LLENA DE OBSTÁCULOS
Nacido en 1938 bajo la sombra de la Gran Depresión, la vida de Walentas fue una carrera de obstáculos. Con un padre paralizado y una madre agotada por el trabajo, David y su hermano fueron enviados a granjas donde trabajaron como «esclavos por contrato».
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Ordeñar vacas a las cinco de la mañana y recoger estiércol bajo el sol agobiante fueron sus primeras lecciones de negocios: «la pobreza extrema te enseña que no hay Plan B», recordó.
Su ascenso fue atípico. Gracias a una beca militar, logró estudiar en la Universidad de Virginia, una experiencia que «cambió su perspectiva» al rodearse de jóvenes de clase alta.
Sin embargo, antes del lujo, volvió a la suciedad: trabajó en Groenlandia limpiando fosas sépticas para el ejército, una labor que realizaba 10 horas al día.
SU COMPAÑERA EN EL ÉXITO
El éxito no fue solitario. En su camino conoció a Jane, una artista que se convirtió en su «compañera de trinchera». Juntos fundaron Two Trees Management y transformaron edificios abandonados en condominios de lujo, logrando lo que parecía imposible: la rezonificación de Dumbo.
Bajo el lema «Sin agallas no hay gloria», Walentas resume su trayectoria en una premisa simple: afrontar la incomodidad.
Su vida demuestra que, a veces, para construir un imperio, primero hay que estar dispuesto a limpiar la suciedad de las paredes.

