Un pediatra de emergencias en Caracas atendió durante seis días seguidos a decenas de niños aplastados por escombros tras los terremotos del 24 de junio, y tras esa traumática experiencia admitió que está al borde de abandonar su profesión.
«A veces siento que ya no quiero ser pediatra. La mirada de esos niños se queda con uno para siempre», expresó el médico, de 62 años, quien pidió mantener su identidad en reserva durante una entrevista concedida a la BBC.
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El especialista relató que los primeros pacientes en llegar a la sala de emergencias pediátrica gritaban y lloraban por los golpes sufridos mientras sus padres los sacaban de los edificios derrumbados.
Pero con el paso de las horas, los casos se agravaron, ya que comenzaron a llegar niños con las piernas necrosadas o inflamadas por la acumulación de sangre, algunos en riesgo de shock o de insuficiencia renal por las toxinas liberadas desde los músculos comprimidos bajo los escombros.
A diferencia de los primeros, estos pacientes ya no gritaban ni lloraban. Llegaban inconscientes, sin identificación y ningún familiar cerca.
«El problema es el traslado en condiciones caóticas. No es lo que uno quisiera recibir, es decir, un paciente en ambulancia, con una vía tomada en el trayecto», explicó el pediatra con la voz quebrada por el llanto.
«Me afecta mucho porque estos pacientes que hemos celebrado que los han rescatado vivos terminan falleciendo o en condiciones muy disminuidas, sobre todo con el tema de las amputaciones o con daño renal», precisó.
En sus 34 años de trayectoria —que incluyen El Caracazo, el deslave de Vargas y la pandemia del COVID-19— aseguró no haber visto un caos comparable.
«Lo más duro es la incertidumbre de no saber qué decir cuando preguntan por sus padres o saber que ya fallecieron, pero no poder decirles la verdad», acotó.

PACIENTES DE LA TERCERA EDAD
El desgaste emocional no se limita a la pediatría. En otro hospital de Caracas, un médico internista que también pidió reserva de su nombre describió un cuadro distinto pero igual de doloroso entre los pacientes de la tercera edad.
Señaló que muchos quedaron solos, sin familiares, y con amnesia luego de los terremotos.
«Muchos no recuerdan ni cómo se llaman, no saben nada, ningún dato relevante sobre su identidad», contó el galeno al mismo medio de comunicación.
Desde el terremoto, el médico agregó que ha trabajado más allá de su horario e incluso en sus días libres.
«Uno no está durmiendo bien, uno no descansa y eso tiene su consecuencia mental y física», advirtió, y aclaró que la presión no viene solo de las víctimas de la tragedia, sino también de los pacientes que ya estaban hospitalizados antes de los terremotos.
«Paso por el hospital por decisión propia, porque no puedo estar tranquilo. No se trata solo de los pacientes de la tragedia, sino también de los que ya estaban hospitalizados y requieren atención», reiteró.
BALANCE POR LOS TERREMOTOS
Las autoridades nacionales anunciaron que, hasta este viernes, se han contabilizado más de 4.100 muertos y 16.000 heridos por el devastador doble terremoto.
Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, publicó en sus redes sociales el balance del doble terremoto hasta este 10 de julio. A dos semanas de la tragedia, se registraron 4.118 fallecidos, 229 más que el reporte del jueves.
La cifra de personas rescatadas se mantuvo en 6.462 personas, al igual que la cantidad de heridos, que continúa en 16.740. Por su parte, la cantidad de pacientes atendidos aumentó hasta 29.966.
Rodríguez también afirmó que las autoridades atendieron a 86.794 familias afectadas en el doble terremoto. Asimismo, precisó que la cantidad de personas sin vivienda se mantuvo 17.907, mientras que permanecen activos 89 campamentos transitorios.
Tal como adelantaron hace unos días, las autoridades reiteraron que 856 edificios se vieron afectados en el doble terremoto. De ellos, 190 colapsaron, la amplia mayoría en La Guaira, la entidad más afectada.
Vale destacar, que este mismo viernes, un sismo de magnitud 3,9 sacudió nuevamente el norte de Venezuela lo que provocó desalojos masivos de los edificios en Caracas y La Guaira por prevención.

