Virginia La Cruz, sobreviviente del edificio Obelisco en Altamira, recordó cómo vivió el terrorífico momento del desplome de la estructura.
«Yo estaba en planta baja en el edificio Obelisco frente a la CAF terminando un trabajo de remodelación, despedí a los albañiles, un minuto probablemente antes de que sucediera, se fueron en una moto, regresé por la parte de adelante del edificio, entré con tres personas y nos saludamos. Ellos venían con una paz enorme que yo decía que venían de vacacionar el feriado. Me preguntaron ‘vas a subir en el ascensor’ y yo dije: ‘No, tengo que hablar algo con la señora Soila, que es la conserje, le toco la puerta, no abre, saco mi teléfono para llamarla y en eso comenzó el temblor», dijo en conversación con Shirley Varnagy.
«Yo iba a trabajar como anfitriona de Airbnb, salió el hijo de la señora Soila, al comenzar el temblor me dice ‘sentémonos que nos vamos a caer’, se sientan en el murito y empiezan a estallarse las paredes de mármol rosado. En ese momento me pega un pedazo en la mano y digo ‘hay que irse, nos vamos a morir'», añadió.
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En ese instante, recordó que tomó una decisión que terminó por salvar su vida. «Jalo a la señora que nos acompañaba, porque la voz no me salía, camino hacia la puerta, aprieto con la llave magnética, empujo la puerta, creo que otro de los muchachos que estaban allí se acercó y estaba abriendo para que el hijo de la conserje se levantara y saliera, y yo recuerdo la voz de una amiga que dice, cuando estás en un accidente que se va a caer un avión te tienes que poner primero la máscara de oxígeno para luego poder ayudar al otro, por lo que abro la siguiente puerta y doy dos pasos, pienso que ellos vienen detrás de mí y un ruido fuertísimo y una nube gris de polvo, y yo digo ‘hay Dios mío, no me quiero morir tapeada, ayúdanos'».
«Me doy cuenta de que estoy tirada en el piso, me voy a parar y tengo el pie atrapado, entonces empiezo escuchar a lo lejos ‘apúrate, abre, nos vamos a morir, luego después de un terremoto viene un segundo’. Me asusto con lo que ella dice, jalo la pierna, me paro, todavía no se veía nada, camino y recuerdo que la llave que le iba a pedir a Soila es la que viene. Todavía cargaba mi cartera encima, saco el control del estacionamiento, pero no abre», afirmó.
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RÁPIDO RESCATE
«Se acercó un motorizado, señores del edificio, una muchacha que venía grabando y les gritamos que estamos encerrados y nos calman. No huyeron, sino que se quedaron allí, abrieron la reja y salimos. En ese momento que salgo, que estoy bien, que alguien te abraza y te da tranquilidad, caigo en cuenta que a una cuadra se veía humo y era el edificio Petunia, que se derrumbó y digo ‘Dios mío, mi familia estará viva, estarán vivos los que se fueron en la moto’. Empezamos a gritar y buscar a los que se quedaron atrás», continuó.
Después empezó a quitar todos los vidrios que estaban sobre su camioneta para buscar a su familia, los cuales se encontraban bien. Para finalizar, reveló el destino de las personas que estuvieron con ella durante el terremoto. «Estábamos cuatro personas en planta baja, salimos dos y quedó tapeado el hijo de la conserje y el hombre que se regresó a abrirle la puerta».

