A sus 39 años, Lionel Messi guarda en secreto la fórmula para haber conducido su equipo a su segunda final de un mundial consecutiva, además de que, según sus seguidores, no aparenta la edad que tiene.
La alternativa es que le haya ganado al tiempo. O que el tiempo se haya dejado ganar, obnubilado con su talento, publica Infobae.
Aunque el impacto de su jerarquía no se pueda medir fielmente con estadísticas, los números comparativos resultan impresionantes.
Por ejemplo, en la Copa del Mundo de 2022, había marcado siete goles en siete partidos, a los que había sumado tres asistencias, 15 gambetas e incidencia directa en 21 ocasiones de riesgo creadas. Tenía 35 años.
En 2026, lleva ocho goles y cuatro asistencias en siete duelos. Le queda uno: la final frente a España. Creó 26 situaciones concretas para que el combinado nacional pudiera convertir. Y sumó 24 regates exitosos, en el umbral de la cuarta década de vida.
El rey indiscutible del «fútbol caminando», lo definió The Telegraph en la previa del choque ante los Tres Leones.
Es imposible que con 22 años de fútbol profesional en sus botines y en sus músculos, con 20 años como máximo animador del deporte rey, siga compitiendo como lo hace, gambeteando como el niño con déficit de crecimiento que asombra desde los videos ya sin la mejor definición.
Además, hay que añadir que jugó al suspenso antes de definir si jugaría este Mundial. En realidad, nunca lo anunció. Se puso metas más cortas: primero la Copa América 2024, las Eliminatorias; el Mundial iba a llegar si el calendario no se devoraba la explosión, si las piernas seguían respondiendo a la mente, a la intuición.
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Hasta el propio Lionel Scaloni confesó que lo llamó para saber si estaba disponible, con el afán de citarlo. “Estaba esperando que saliera la lista”, respondió, como si no fuera Messi, el capitán, el buque insignia.
Aunque en su mente este Mundial fue un bonus track, acompañado por una Selección que lo idolatra sin necesidad de tenerlo en el póster.
Messi se preparó con la barriga vacía, como si las vitrinas no ostentaran 47 títulos, ocho Balones de Oro, un trofeo ecuménico, dos Copas América y una Finalissima. Insaciable, se propuso que, si el físico le permitía una sexta Copa del Mundo, no solo tenía que estar a la altura. Tenía que ser la mejor.

