«A uno se le pone la piel de gallina»: La desgarradora experiencia de un chef de la ONG World Central Kitchen en La Guaira

Luis Alfredo Ledezma
5 Min de Lectura
Realmente abrumadoras son las historias que escucha a diario Olivier de Belleroche, director de respuesta de desastres naturales de World Central Kitchen (WCK), mientras coordina la preparación de miles de comidas para damnificados, rescatistas y familiares de desaparecidos tras los terremotos que devastaron La Guaira y afectaron otros seis estados del país.  
La Guaira es el estado más afectado por los terremotos / EFE

Realmente abrumadoras son las historias que escucha a diario Olivier de Belleroche, director de respuesta de desastres naturales de World Central Kitchen (WCK), mientras coordina la preparación de miles de comidas para damnificados, rescatistas y familiares de desaparecidos tras los terremotos que devastaron La Guaira y afectaron otras seis entidades del país.  

Una madre solo pedía «un pedacito» de su hijo para poder darle sepultura. Otra mujer llevaba días esperando encontrar los restos de su hermano y su familia porque le había prometido a su madre que no volvería sin ellos, son parte de esas historias que dejaron los terremotos de 7,2 y 7,5 de magnitud del pasado 24 de junio.  

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«Se le saltan las lágrimas y a uno se le pone la piel de gallina, la verdad», relató De Belleroche en entrevista con el Nuevo Herald desde Venezuela.  

El chef llegó al país tras pocos días de los terremotos, que dejaron más de 5.000 muertos y 17.000 damnificados.  

Desde el Club Puerto Azul, en La Guaira, la zona más golpeada, WCK montó en tiempo récord una cocina de emergencia que actualmente produce 35.000 comidas diarias —13.000 frías y 22.000 calientes— y que ya acumula más de un millón de raciones servidas desde el inicio de la crisis. 

De Belleroche, veterano de respuestas humanitarias en Gaza, Ucrania y desastres naturales en varios continentes, supo esa misma noche del 24 de junio, al ver la magnitud del doble sismo, que WCK se activaría en Venezuela.  

Por tener pasaporte español, fue designado para entrar rápido al país y esa misma madrugada comenzó a movilizar a voluntarios en Caracas, mientras un primer equipo viajaba desde Bogotá hasta Valencia y de ahí por carretera hacia la capital y La Guaira. 

Según el chef, la clave de WCK está en operar sin la burocracia que suele frenar la ayuda de emergencia. Explicó, que al ser una organización financiada solo con fondos privados, puede tomar decisiones y llegar al terreno más rápido que otros actores. 

UNOS 60 RESTAURANTES UNIDOS POR SOLIDARIDAD  

La operación, que llegó a sumar unos 60 restaurantes, servicios de catering, una universidad gastronómica y food trucks —sobre todo en Caracas—, se apoya en los cocineros locales en lugar de imponerles un menú.  

«Nosotros no imponemos la comida, nosotros aprendemos de los chefs locales», explicó De Belleroche, para quien la meta es que la propia «comunidad ayude a la comunidad».  

En La Guaira, donde muchos negocios siguen cerrados, casi toda la comida debe trasladarse desde Caracas, un trayecto complicado por los cortes de vía y puntos de control que en ocasiones obligaron a cancelar entregas por riesgo sanitario. 

MÁS ALLÁ DE LA ALIMENTACIÓN 

Pero para el chef, repartir comida ha resultado ser la parte más sencilla del trabajo. En los puntos de distribución se ha convertido, muchas veces, en el único que escucha a quienes esperan noticias de sus familiares.  

Recordó a una mujer que llegó pidiendo no comida para ella, sino raciones para las 20 personas que la acompañaban buscando a su hijo entre los escombros. 

Precisó que los voluntarios le dieron una bolsa especial para que no tuviera que hacer fila y volviera cuanto antes a la búsqueda.  

Antes de irse, agradeció que alimentaran a los rescatistas y dijo que no se movería del lugar hasta recuperar a su hijo, aunque fuera «un pedacito» de él. «Casi todo el mundo que te lo cuenta acaba llorando», manifestó De Belleroche. 

«Hay mucha gente que está esperando a sus seres queridos y que a lo mejor no quiere comida, simplemente quiere que le escuchen su historia, por qué están ahí, a quién están esperando», relató en su desgarrador testimonio en relación con un doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 que acumula, según el último balance oficial, 5.398 fallecidos, 16.740 heridos y 17.907 personas sin vivienda. 

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