Un mes después de los terremotos que sacudieron a Venezuela, José Humberto Gómez, director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), advirtió que la rehabilitación de las zonas afectadas exige pausa, planificación urbana y una revisión profunda de las condiciones de los suelos, un proceso al que deben sumarse las casas de estudio de todo el país.
«No debemos acelerar los procesos. Hay que dedicar más tiempo a la reflexión y estudio sobre qué, por qué y cómo ocurrió», afirmó el arquitecto en declaraciones a El Ucabista, quien insistió en que la tarea no se limita a levantar edificaciones sobre parcelas despejadas de escombros.
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Gómez sostuvo que la reordenación del territorio debe incluir a instituciones de gobierno, universidades y colegios de ingenieros, y que antes de construir es necesario definir densidades de población, tipologías de edificios y usos del espacio según el riesgo de cada zona.
Calculó que unas 400 edificaciones resultaron afectadas en La Guaira, pero rechazó las conclusiones apresuradas: «Uno no puede decir irresponsablemente que todo estuvo mal construido. Hubo edificaciones que se cayeron, pero que estaban muy bien construidas», señaló.
Para el arquitecto, el litoral central vivió una combinación extraordinaria de un evento telúrico inusual sobre suelos aluviales no competentes, un escenario que, según explicó, ningún experto pudo haber previsto.
«No se trata solamente de edificar en parcelas limpias de escombros. Hay vacíos que no se llenan, sino que se transforman, hay vacíos necesarios para las ciudades», consideró el arquitecto, docente e investigador.
«Deberíamos entrar en un período de debate acerca de lo que se debe y puede construir ahí», remarcó.
Y recalcó: «No hay una única respuesta porque no es cierto que desde una sola consideración tú puedes explicarlo. Uno no puede decir irresponsablemente que todo estuvo mal construido. Porque hubo edificaciones que se cayeron, pero que estaban muy bien construidas. Quizá hubo algún tipo de negligencia en términos constructivos, eso nos tocará verlo en qué proporción exactamente».
Gómez plantea que buena parte de la solución pasa por privilegiar espacios abiertos —parques, plazas, paseos y jardines— por encima de las torres altas, y por reforzar edificaciones que quedaron con etiqueta roja tras las inspecciones visuales, en lugar de asumir su demolición automática.

Advirtió que el país no tiene capacidad técnica para esos refuerzos. Esto porque enfrenta escasez de equipos especializados y de patólogos estructurales suficientes para atender la demanda actual.
El arquitecto también llamó la atención sobre el componente humano de la reconstrucción. Recordó, que tras el deslave de 1999, muchas familias reubicadas terminaron regresando a La Guaira por su arraigo con el mar.
Por eso recomendó que los traslados sean temporales, mientras se cumplen criterios claros de reconstrucción. Y luego si, devolver a los habitantes a su lugar de vida. «Es un proceso largo, pero creo que es lo correcto», concluyó.
EDUCACIÓN SÍSMICA
Asimismo, el académico anunció la activación de una electiva sobre sismorresistencia en la UCAB. Además, de una iniciativa de aprendizaje respaldada por el arquitecto japonés Shigeru Ban, especialista en soluciones habitacionales para emergencias.
Con ello se busca que la universidad aporte formación técnica concreta al debate sobre qué tipo de construcciones deben levantarse en zonas de alta vulnerabilidad como La Guaira.
«Porque no se debe confundir sismorresistencia con antisísmica. El objetivo de la primera es que el edificio se mantenga en pie para permitir que los pobladores logren escapar; antisísmica es aquella que sí está pensada para aguantar el sismo, esas son las tecnologías que se usan en Chile o Japón. Pero son muy costosas y difíciles de masificar», precisó.

