Aarón Cantillo, un joven que permaneció sepultado por cuatro días bajo los escombros de la OPP 25 tras el colapso de la estructura por los terremotos del 24 de junio, describió parte de lo que vivió mientras estuvo sepultado.
«Como seres humanos todos estamos aferrados a la vida. Nadie quiere morir y mucho menos de la manera en que muchas personas perdieron la vida, fue muy horrible. Pero creo que más que aferrarme a la vida me aferré a Dios», dijo en conversación con Shirley Radio.
«Muchas veces me di por vencido y yo decía ‘si me salvas, pues bien, pero si no me salvas, vas a seguir siendo Dios y te amaré por siempre y no pasa nada, sé que iré a un lugar de descanso e iré contigo y yo feliz de poder estar contigo. Simplemente pido que no quiero morir sufriendo'», añadió.
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Asimismo, contó que cuando comenzó el terremoto intentó salir del edificio. «Estaba en el segundo piso donde vive un amigo mío, de allí salí corriendo al primer piso y cuando iba a ir a planta baja allí colapsó todo. No tenía comida, no tenía agua, caí de rodillas. Lo primero que hice fue revisar mi cuerpo, torso, brazos, piernas, pero estaba completo. Cuando escuché a las personas gritando, dije que guardáramos la calma porque estábamos enterrados y no sabíamos cuánto tiempo íbamos a estar. Les pedí respirar lento. Siempre traté de guardar la calma, aunque también hubo momentos de pánico, de ansiedad, donde lloraba por mi madre, que es la que más me preocupaba por ser una señora mayor y no quería preocuparla».
«Las otras personas me consolaban y me decían, tranquilízate, guarda la calma, porque si pierdes la cordura, nosotros la perdemos. Mi espacio era muy reducido, podía estar de rodillas o agachado. Cuando iba a descansar me colocaba en posición fetal. Siempre tenía las piernas flexionadas», acotó.
«Conmigo había tres personas y todas murieron. Y quedé con un gatito que se lo di a los rescatistas cuando salí», añadió.
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EL RESCATE
Cantillo señaló que los rescatistas supieron que estaba allí al cuarto día. «A lo lejos pude escuchar a personas afuera. No las escuchaba buscando, si no hablando y gritaba ‘ayuda’, lograron escucharme, y me dicen ‘dime tu nombre’ por lo que grito mi nombre con todas mis fuerzas. A la última persona que quedaba con vida le daba fuerza. También había momentos de oscuridad cuando los rescatistas trataban de llegar a mí, tenían que ir a descansar, salían, hablan de qué tenían que quitar en la estructura y tardaban tanto que yo me desesperaba y decía que me estaban abandonando, que iba a morir allí».
«Cuando ellos hablaban conmigo me decían ‘estamos aquí para ayudarte, estamos trabajando para llegar a ti, así que no desmayes, no te rindas, trata de guardar energía y mantén la calma'», recordó.
«Fue muy difícil al principio, pero ya cuando los escuchaba trabajando y pidiendo relevos, me sentía más tranquilo», admitió.
Para finalizar, agradeció a todos los que participaron en su rescate. «Tuve un vínculo muy bonito con los rescatistas, hablábamos de cualquier cosa, me contaban chistes, yo cantaba mientras ellos trabajaban. Hay entrevistas de los topos que decían él está allá adentro cantando, adorando a Dios, tiene debates».

