Una mujer que pasó dos días bajo los escombros tras los terremotos en La Guaira, y que perdió a su pareja, contó como vivió ese traumante momento hace tres meses.
Nayarit Colmenares, arquitecta, diseñadora e ilustradora de profesión, perdió su mano derecha, por lo que está intentando aprender a dibujar con la izquierda.
Ese día la profesional de 39 años se encontraba en su apartamento junto a su esposo Henry quien la alertó de que estaba temblando. De inmediato, ambos se abrazaron bajo una columna que estaba cerca del balcón en el cuarto piso.
No obstante, la fuerza de los terremotos hizo que el edificio cayera hacia un lado. «Fue como una ola. Yo era como una muñeca que giraba y no podía controlar mi cuerpo hasta que caí», contó a Infobae.
La mujer cayó sobre su brazo y pierna derecha. De inmediato, sintió un calor intenso en esa parte del cuerpo y no podía moverse. En ese momento sin saber nada de su esposo, alcanzó a decir «Te amo, Henry», y esperaba morir.

Ambos se conocieron en el liceo a los 15 años, luego tuvieron un noviazgo de tres años y finalmente se casaron. Para el 24 de junio tenían 11 años de matrimonio. Él trabajaba en comercio electrónico.
A las 7 de la noche sonó una alarma en su teléfono que había programado para hacer un curso de inteligencia artificial con Henry. Poco después empezó a sonar tanto su teléfono como el de su esposo. Aunque intentaba tantear nunca logró alcanzarlo y sentía que todo lo que tocaba le cortaba la piel.
A esa hora seguía gritando el nombre de su esposo, pero nunca obtuvo respuesta. No tuvo hambre en ningún momento. Tenía mucho calor y estaba cansada. No podía dormir ni descansar. Su cuerpo estaba en alerta permanente. «Traté de imaginarme la luz y el cielo, como buscando irme. Irme sin dolor», relató.
En un momento, tanteando con su mano izquierda tocó algo suave y pensó que era una almohada. No obstante, poco después sintió los pelitos de una pierna que estaba fría y dura. Aunque eso le dio esperanza no tardó en darse cuenta de lo que había ocurrido. «Ahí entendí que Henry estaba muerto», relató.
Se quedó acostada sobre el cuerpo de Henry. Fueron pasando las horas. De vez en cuando sentía una brisa de aire fresco que entraba desde algún lugar. Para sus adentros se decía que «si entra aire, no estoy tan enterrada, no estoy tan lejos».

Al cabo de muchas horas sintió la voz de su hermano Erwin que la llamaba: «¡Naya!». «Eso como que me activó y empecé otra vez a gritar: ‘¡Aquí estoy, aquí estoy!’», contó. Posteriormente, encontró a hacer ruido con un tubo de hierro y una cerámica que encontró.
«Eso sí funcionó porque en algún momento, de tanto darle, escuché que alguien decía: ‘Sigue tocando, repica, repica’», recordó.
LEA TAMBIÉN: «ES TRISTE VER PERDER 33 AÑOS DE TRABAJO»: HOMBRE REVELÓ LA DESTRUCCIÓN EN SU EMPRESA TRAS ROTURA DE TUBO MATRIZ EN TÁCHIRA
En un momento Nayarit empezó a gritar con palabras para ver si la escuchaban. Uno de los rescatistas captó algo. «Chama, ¿tú estás gritando?» Ella gritó que sí. Le apuntaron con una linterna a través de los escombros. Al principio no la veía. Le preguntaban si podía ver la luz. Hasta que en un intento la distinguió y los rescatistas supieron hacia dónde cavar.
🇸🇻🙏🇻🇪 URGENTE: Rescatistas de El Salvador lograron rescatar con vida a Nayarit Colmenares, de 39 años, quien quedó atrapada bajo los escombros tras el terremoto que sacudió Venezuela. 🙏❤️ pic.twitter.com/5twmSRP86e
— Alerta Mundial (@AlertaMundoNews) June 27, 2026
«Somos bomberos de El Salvador y venimos a rescatarte. Y no nos vamos a ir de aquí hasta que te saquemos. Tienes que tener paciencia, debemos remover muchos escombros, pero de aquí no nos vamos hasta que te saquemos», le dijeron.
Una vez llegaron a ella lo más difícil de sacar fue el brazo derecho, que había quedado debajo del cuerpo de Henry. Era más que todo la mano la que estaba aplastada.
Cuando salió acostada boca abajo en una camilla, vio que decenas de personas la rodeaban. Los bomberos le dieron la vuelta y ella miró el cielo. «El momento en el que salí, sentí la brisa y pude respirar un aire que no fuera polvo», contó.
Aunque no tenía fracturas con el paso de los días, el tejido de la mano derecha adquirió un color gris. Las bacterias se multiplicaban pese al tratamiento con antibióticos.
«Me dijeron claramente, con todo el dolor del alma, que lo que se sugería era la amputación en estos casos, porque la infección podía ir al torrente sanguíneo e iba a ser mucho más difícil de controlar», señaló.
«Haber perdido a mi esposo me duele más que haber perdido la mano derecha», aseveró.
A tres meses del terremoto, Nayarit hace terapia psicológica. Al principio dormía mal. Ahora un poco mejor. Nunca soñó con el terremoto. Sí con Henry, como si estuviera vivo. También con su mano. La veía y la sentía real. Experimenta también el síndrome del miembro fantasma. Tiene palpitaciones y hormigueo, la sensación de que se le duerme la mano que ya no tiene.
Desde que comenzó la terapia con un fisiatra, ejercita la mano izquierda para replicar la precisión que tenía con la derecha. Dibuja con lápiz, traza con pincel. “Voy mejor de lo que pensaba”, le dijo a Infobae.

