Los cardenales Baltazar Porras y Diego Padrón, junto al arzobispo Ramón Ovidio Pérez Morales, saludaron este lunes, 10 de agosto, con «beneplácito y esperanza» el inicio de las conversaciones entre el gobierno de Delcy Rodríguez y representantes de la Asamblea Nacional de 2015.
Por medio de una declaración, los tres religiosos precisaron que hablan a título personal, como expresión de su conciencia cívica y de su responsabilidad moral cristiana ante el país.
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Advirtieron que el diálogo se da en condiciones «muy peculiares», marcadas por el antecedente de intentos fallidos, una gestión promovida desde el extranjero, la ausencia de la representación opositora más legitimada, la falta de una instancia técnica reconocida como facilitadora y la opacidad sobre los detalles institucionales y logísticos del proceso.
Además, los cardenales situaron el diálogo en el contexto de una crisis agravada por el doble sismo del 24 de junio y por la que calificaron como «inercia e indolencia oficiales» durante la emergencia. En tanto, exhortaron «una escucha atenta a las necesidades del pueblo venezolano».
Asimismo, pidieron incorporar de forma gradual a partidos, academias, universidades, iglesias y otros sectores de la sociedad civil, con el fin de construir un «proyecto nacional unificado».
En este sentido, los religiosos se comprometieron a dar seguimiento a los trabajos de la Comisión de Diálogo «como un servicio cívico y espiritual, leal e imparcial» al pueblo venezolano.

SIGNOS DE AVANCE
Señalaron, que los signos de que el proceso avanza de verdad, serán «la inmediata liberación de los presos políticos y de la hegemonía comunicacional, así como la estructuración de los organismos y medios hacia una pronta elección presidencial por obra exclusiva del soberano (CRBV 5), como vehículo necesario y suficiente de legitimación de los poderes públicos y de su oportuna reestructuración».
La declaración reclamó también respuestas urgentes a la crisis económica, social y educativa que golpea a la mayoría empobrecida del país: salarios justos, servicios de salud, vivienda, escolaridad y suministro regular de agua, electricidad e internet.
Los cardenales calificaron el proceso como una «refundación nacional», en línea con planteamientos previos del Episcopado, y reiteraron que la meta debe ser «el reencuentro de nosotros los venezolanos en un ambiente de libertad, unidad y solidaridad para que alcancemos la paz».

