La crisis que se está viviendo en La Guaira después de los dos terremotos del 24 de junio ha obligado a los ciudadanos a improvisar para atender a las víctimas. Sin duda, uno de los casos más llamativos de los últimos días es el de un restaurante McDonald’s que se ha convertido en un hospital de campaña.
Gracias a las donaciones recibidas, un grupo de médicos voluntarios ha podido atender a aquellas personas que no han recibido atención primaria por parte del sistema de salud pública ni de los organismos del Estado. Estos últimos, hasta ahora, han instalado 50 campamentos en la periferia de la capital para alojar a los supervivientes, y han improvisado ocho nuevas morgues donde se amontonan los cadáveres.
La historia del hospital de campaña comenzó cuando un estudiante caraqueño de último año de medicina, de apellido Ramírez, arribó a La Guaira para ayudar. El joven montó un ambulatorio improvisado «con una mantica y dos lonas atadas a un árbol» cerca del McDonald’s. Entre sus primeros pacientes se encontraba un policía con una bajada de tensión. «Lo estabilizamos y aproveché para pedirle que nos habilitara la hamburguesería para trabajar en mejores condiciones», relató Ramírez a El País.

El uniformado aceptó y acordonaron el local con una cinta amarilla de la policía. Bajo este acuerdo, el oficial le pidió al estudiante que entrenara a los voluntarios en primeros auxilios y, a cambio, los agentes se encargarían de protegerlos ante robos o asaltos. El mismo sábado se pusieron manos a la obra y limpiaron los espacios del local de comida rápida.
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Como quirófano quedó el comedor de la primera planta, desde donde ya atendieron a una mujer que acababa de dar a luz. La farmacia se ubicó cerca de la barra donde antes se servían las hamburguesas, y el primer piso se transformó en la zona de descanso, con colchones raídos donde duermen los médicos y las enfermeras.
La farmacia del McDonald’s está bien surtida, aseguren los médicos: analgésicos intravenosos, material quirúrgico, ansiolíticos y hasta medicamentos veterinarios para atender a las mascotas en la zona del automac, donde hasta hace unos días los clientes pasaban en coche a recoger sus Big Mac. En la planta de arriba también acogen a los grupos de rescatistas internacionales que no tienen dónde pasar la noche.

A pesar de la labor que realizan, el estudiante, quien ejerce como vocero ante las autoridades, señaló que la relación con los cuerpos de seguridad ha tenido momentos de tensión. No obstante, aclaró que ha recibido un buen trato por parte de los «jefes», mientras que «el resto de agentes rasos intentan aprovecharse de la tragedia».
Además, la tensión no viene únicamente por parte de los organismos de seguridad. Recientemente les informaron que el edificio de al lado, que cuenta con más de 100 apartamentos de la Gran Misión Vivienda Venezuela, está a punto de colapsar.
El doctor Miguel Romero, el cirujano que está al frente del hospital de campaña, resaltó que no han recibido más apoyo que las donaciones de los civiles. «No tenemos noticias del Gobierno; aquí, desde luego, no nos están apoyando».
Romero, de 34 años, está haciendo un doctorado en neurología en Alemania y llegó un día antes del terremoto para visitar a su familia en Coro. Desde que está asistiendo en La Guaira, afirma que solo duerme un par de horas al día.

