Amar a un hijo desde su concepción y luego de su nacimiento, no evita los problemas de salud mental. Y entre estas enfermedades destaca la depresión posparto, la cual, según los especialistas, no debe ser descuidada ni dejada de lado.
La psicóloga cognitiva Andrea Szpektor, explicó que el puerperio implica transformaciones hormonales, físicas, psíquicas y sociales. Esa etapa puede exponer a las madres a una mayor vulnerabilidad. En reseña de Infobae, la especialista también resaltó el valor de la consulta profesional y de una red de apoyo.
Afirmó que la depresión perinatal puede surgir durante el embarazo o hasta un año después del nacimiento.
Szpektor indicó que una mujer puede amar profundamente a su bebé y sufrir, al mismo tiempo, un cuadro de depresión. “Amar a un bebé, amar a un hijo, no nos salva de cuestiones mentales”, sostuvo.
Explicó que el término depresión perinatal incluye los síntomas que aparecen durante el embarazo, el parto, el puerperio o los meses posteriores al nacimiento.
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En ese sentido, mencionó como posibles señales la tristeza profunda, la angustia, el miedo intenso, la desesperación, la fatiga y la falta de interés.
También señaló el insomnio aun cuando el bebé duerme y los pensamientos vinculados con el temor de hacerle daño al hijo.
LA DIFERENCIA CON “BABY BLUES”
Szpektor aclaró que se debe hacer una diferencia entre la depresión postparto y el “baby blues”. Este es un período de angustia, tristeza, miedo y dificultades cotidianas que afecta a muchas mujeres después del parto.
Sin embargo, la diferencia principal está en la duración. El baby blues suele extenderse entre dos y tres semanas y luego cede. En cambio, la depresión permanece durante más tiempo y presenta síntomas más frecuentes e intensos.
La psicóloga ejemplificó esa diferencia con el descanso. Una noche sin dormir puede responder al cuidado de un recién nacido. Sin embargo, una mujer que permanece despierta aun cuando su bebé descansa y repite esa situación durante varias noches requiere atención, según explicó la especialista.
Szpektor insistió en que el diagnóstico debe realizarlo un profesional de la salud. También advirtió sobre el subdiagnóstico, cuando se considera normal un malestar que necesita tratamiento, y el sobrediagnóstico, que se da cuando se confunde el puerperio o el baby blues con una depresión.
LA SOLEDAD
“Nunca una puérpera puede quedarse sola, nunca”, afirmó Szpektor. La especialista sostuvo que el aislamiento incrementa el malestar mental. Muchas mujeres atraviesan cambios abruptos en sus rutinas, sus vínculos, su descanso y sus actividades fuera del hogar.
Según la profesional, la soledad puede favorecer la rumiación. Se trata de un término que refiere a pensamientos repetitivos que giran alrededor de una preocupación.
Una madre puede interpretar el llanto de su bebé como una prueba de que no sabe cuidarlo y llegar a la conclusión de que es una mala madre.
Para Szpektor, la presencia de otra persona puede cambiar esa lectura. Una conversación con alguien que atraviesa una experiencia similar permite reconocer que el llanto, las dudas y el cansancio forman parte de situaciones frecuentes durante la crianza.
La especialista recomendó una red de cuidado con familia, amistades, grupos de crianza y profesionales. También mencionó la importancia de que alguien escuche a la madre y le pregunte qué necesita.
LA CONSULTA TEMPRANA
Szpektor señaló que los antecedentes de depresión, ansiedad intensa, experiencias traumáticas, embarazos difíciles, partos complejos y problemas de sueño merecen una atención especial. Esos factores, dijo, pueden aumentar la predisposición a sufrir un cuadro de salud mental durante el embarazo o el puerperio.
Afirmó que las madres no necesitan esperar una situación extrema para pedir ayuda. “Cuando la estás pasando mal”, respondió Szpektor sobre el momento adecuado para recurrir a un profesional.
La especialista propuso consultas con psicología perinatal, psiquiatría perinatal, obstetricia o pediatría. Según explicó, existen tratamientos psicológicos y psiquiátricos, además de medicamentos compatibles con el embarazo y la lactancia cuando un profesional los considera necesarios.
