Los intensos sismos de los últimos meses, que iniciaron con el devastador doble terremoto del 24 de junio en Venezuela, han generado en la colectividad una percepción de que el planeta Tierra está temblando más que en años recientes, al punto incluso de avivar el temor de que ocurra un megaterremoto de 9,5 en la escala de Richter.
Sin embargo, datos de los organismos sismológicos oficiales ofrecen claridad sobre lo que sucede en el subsuelo. La Tierra no es una roca inmóvil, sino un sistema cuya litosfera se divide en placas tectónicas que se desplazan varios centímetros al año. Cuando estas estructuras chocan y acumulan tensión hasta el límite de la roca, liberan de golpe la energía contenida mediante ondas sísmicas.
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Frente a la alarma pública, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ratificó que la frecuencia de terremotos de gran magnitud sigue siendo la misma. En pocas palabras, no está temblando más que antes.
En un año habitual se contabilizan unos 16 eventos mayores: 15 de magnitud 7 y uno superior a 8. Durante 2025 se registraron 17 temblores de magnitud 7 o más —incluyendo uno de 8,8 en Kamchatka, Rusia— y en 2026 los reportes en Indonesia, Mindanao, México, Colombia y Venezuela siguen la norma estadística.
LA INFLUENCIA DE LA TECNOLOGÍA EN ESTA PERCEPCIÓN
Si la actividad no ha aumentado, la sensación de un planeta convulso responde a un fenómeno de percepción alimentado por la tecnología.
El Centro Nacional de Información de Terremotos detecta cerca de 20.000 sismos anuales en el globo, lo que equivale a más de dos por hora. La enorme mayoría ocurre en el mar o en zonas deshabitadas, pasando desapercibida para la población.
La diferencia frente al pasado radica en una red mundial de monitoreo extremadamente precisa y en la inmediatez de la era digital, donde cualquier temblor en el Cinturón de Fuego del Pacífico se difunde en segundos.
Por otro lado, la ciencia descarta un efecto dominó global: un gran sismo solo genera réplicas locales o pequeños «disparos remotos» en fallas contiguas ya inestables. La Tierra siempre ha temblado igual; la novedad es que hoy escuchamos cada movimiento al instante dado la masificación de las tecnologías.

