¿Cansancio persistente? Las señales que no debes ignorar cuando el agotamiento afecta tu día a día

Jhoan Melendez
4 Min de Lectura
Foto: Cortesía

El cansancio persistente a veces puede dejar de ser un simple agotamiento físico cuando empieza a afectar la vida diaria y no desaparece ni durmiendo las horas recomendadas que, de acuerdo con especialistas, deben ir de entre siete y ocho al día.

La licenciada Agustina De Nardo, experta en psicoterapia cognitiva, explicó que este malestar responde a «un agotamiento emocional y cognitivo» que se alimenta de la preocupación constante, la autoexigencia y la sensación de que siempre queda algo por hacer.

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La primera señal de alerta aparece cuando la fatiga se sostiene durante semanas y no mejora con el reposo. Al respecto, De Nardo indicó que, si el agotamiento «persiste, no se alivia con el descanso o empieza a interferir con nuestra vida cotidiana», resulta imprescindible indagar qué factores lo sostienen. Por su parte, la consultora psicológica Valeria Roca coincidió en la importancia de observar cuánto tiempo se mantiene este malestar en el organismo.

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Los cambios profundos en el patrón de sueño representan el segundo síntoma directo. Valeria Roca destacó «la dificultad sostenida para dormir o descansar» como un motivo claro de consulta, ya que la ansiedad suele manifestarse mediante problemas para conciliar o mantener el sueño, acompañados por un estado permanente de alerta mental que impide una recuperación real.

El tercer indicador abarca la presencia de irritabilidad, fallas de concentración y desinterés generalizado. Sobre este punto, De Nardo señaló que la fatiga crónica suele venir acompañada de «desánimo, irritabilidad, dificultades para concentrarse o pérdida de interés», aspecto en el que Roca sumó la pérdida del disfrute por aquellas actividades que antes generaban placer.

DIFICULTAD PARA REALIZAR TAREAS POR EL CANSANCIO

La cuarta señal surge al percibir una severa dificultad para afrontar las tareas habituales, los vínculos personales o el autocuidado básico. Frente a este escenario, las especialistas recomiendan buscar orientación profesional de inmediato para no deteriorar la calidad de vida. «No hace falta llegar a un límite para pedir ayuda», afirmó enfáticamente Valeria Roca.

Finalmente, la quinta señal se manifiesta como un distanciamiento progresivo del trabajo junto a la sensación de una menor eficacia personal. De Nardo y Roca aclararon que este fenómeno se vincula directamente con el burnout o estrés laboral crónico, un cuadro que abarca agotamiento profundo, desconexión mental del empleo y la percepción constante de rendir menos.

Para romper este ciclo destructivo, las expertas sugieren replantear la relación con el descanso y aprender a convivir con las tareas inconclusas. «El descanso no debería ser una recompensa que obtenemos cuando terminamos todo, porque probablemente siempre habrá algo pendiente», sostuvo De Nardo. Asimismo, la médica psiquiatra Pía Lobo planteó una pregunta clave para la reflexión: «¿Qué aparece en nosotros cuando ya no hay nada que resolver?».

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