Sostenernos y seguir para poder levantar un país

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Dos terremotos que lo sacudieron todo fuertemente y arrasaron la vida de distintas formas. Dos movimientos, algo muy raro, que agrietaron la también frágil estructura de la cotidianidad venezolana y nos confrontaron de golpe, nuevamente, con nuestra ya reconocida vulnerabilidad.

En los últimos días, como venezolana y como ser humano empeñada en el bienestar de todos, me he encontrado profundamente conmovida por las consecuencias de lo sucedido para nuestra nación. Debo confesar que me ha costado retomar el ritmo habitual de mi vida. Existe una suerte de parálisis invisible que como seres “HUMANOS” nos asalta cuando el entorno sufre: un dilema moral que nos hace cuestionar si es lícito continuar con nuestras rutinas mientras otros lo han perdido todo.

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Sin embargo, en medio de esta resaca emocional, he comprendido que la verdadera solidaridad no nace de la inmovilidad, todo lo contrario, sino de la acción consciente y generosa. Retomar una aparente “normalidad” — resalto entre comillas— no significa ser indiferente; al contrario, es una decisión estratégica.

Es a través de nuestro trabajo diario, de mantenernos activos y productivos, como logramos generar los recursos materiales y articular las voluntades que se necesitarán no solo hoy o mañana, sino durante el largo proceso de meses o años que nos espera. La reconstrucción de lo dañado, material y mentalmente, será un maratón, y si quienes tenemos la capacidad de avanzar nos detenemos, el tejido social terminará por desgarrarse por completo.

Esta crisis, gracias a Dios, a puesto de manifiesto que los buenos somos más, que la gran mayoría se han organizado y están trabajando para atender la emergencia, ante la evidente ausencia de un paraguas institucional sólido y eficiente que dirija a la sociedad hacia un norte seguro. Nos ha correspondido y compete a nosotros, los ciudadanos, de manera articulada y en equipo, asumir el rol de motor reconstructor.

Por ello y aunque suene reiterativa, el primer paso para seguir siendo útiles es sacudirnos el polvo del golpe emocional inicial y despojarnos de cualquier atisbo de mezquindad o protagonismo estéril. No es momento de colgarse medallas, sino de demostrar con hechos tangibles qué sabe hacer bien cada quien y poner ese don al servicio de la colectividad. Debemos evitar los pensamientos en bucle —esos laberintos mentales de angustia y lamento que detienen el accionar— y transformar el trauma en energía organizativa, sin olvidar lo sucedido, pero utilizándolo como el combustible necesario para reparar cada grieta.

Desde la perspectiva de la salud mental, esta respuesta proactiva tiene un sustento científico que la justifica. Diversos especialistas en psicología de catástrofes y resiliencia comunitaria señalan que, tras un desastre natural, la población se enfrenta a un fenómeno conocido como trauma colectivo. Los expertos coinciden en que la incertidumbre prolongada y la vivencia del caos pueden cronificar los niveles de cortisol en el organismo, derivando en trastornos de ansiedad generalizada o estrés postraumático si no se canalizan adecuadamente.

El apoyo psicosocial temprano, basado en la recuperación de la agenda personal —es decir, sentir que nuestras acciones individuales tienen un impacto real en el entorno—, es un factor preventivo potente para mitigar el daño emocional a largo plazo en una sociedad ya de por sí golpeada por 26 años de destrucción progresiva.

Ahora bien, sostener este esfuerzo en el tiempo requiere de mucha inteligencia emocional. En transitar por la comunicación en salud he aprendido que es biológicamente imposible cuidar de otros si descuidamos nuestra salud. No podemos ofrecer agua desde un pozo seco. La entrega absoluta y desmedida, desprovista de orden, conduce irremediablemente al desgaste psicofísico, nublando la razón y dejándonos a merced de una emocionalidad desbordada que resta eficacia a la ayuda. Por ello, quiero compartir con ustedes, desde mi propia experiencia y tras reflexionar profundamente en cada una de estas pautas, las reglas de supervivencia básica que estoy aplicando para mantenerme firme en la trinchera del servicio:

¿Por qué es importante establecer límites personales?

No podemos resolver todas las emergencias del mundo de manera simultánea. Para evitar el agotamiento físico y mental, les propongo:

  • Dosificar el tiempo. Organicen su jornada con disciplina. Definan bloques específicos para el voluntariado o el apoyo logístico, y protejan con celo los espacios destinados a su trabajo, su vida familiar y un descanso reparador.
  • Aprender a decir «no». Acepten únicamente aquellas tareas para las cuales tengan la capacidad real, técnica o emocional de responder adecuadamente, sin comprometer su propia salud.
  • Delegar y confiar. Compartan responsabilidades, la verdadera fuerza está en la red; deleguen responsabilidades y confíen en las capacidades del equipo que han formado a su alrededor.

¿Cómo proteger tu salud mental por encima de todo?

En escenarios post-terremoto, la «culpa del sobreviviente» —ese malestar por estar a salvo mientras otros sufren— y la hipervigilancia ante posibles réplicas son respuestas biológicas esperables. Para blindar la paz interior, sugiero:

  • Implementar una estricta «dieta informativa». El exceso de estímulos trágicos intoxica el cerebro. Limiten el tiempo de exposición a noticias y redes sociales; infórmense solo lo necesario y eviten el consumo morboso de imágenes que perpetúan la angustia.
  • Validar lo que sentimos. Permítanse experimentar el miedo, la tristeza o la vulnerabilidad. Ocultar las emociones bajo una fachada de falsa fortaleza solo acumula presión. Busquen a alguien de absoluta confianza y hablen de lo que les pasa.
  • Anclarse en el presente mediante pausas conscientes. Cuando sientan que la ansiedad amenaza con desbordarlos, deténganse. Practiquen respiraciones profundas, sientan las plantas de sus pies firmes sobre el suelo y recuerden que este instante presente es el único lugar donde tienen control real.

¿Cuáles son los hábitos de salud no negociables?

El estrés crónico consume de forma acelerada nuestros recursos físicos, por ello respeta, en la medida de lo posible, los horarios de tus comidas, procura un sueño de calidad y asegúrate de mantener niveles óptimos de hidratación a lo largo del día.

Evita la comodidad de recursos como el alcohol, el tabaco o cualquier otra sustancia estimulante para adormecer la angustia o forzar el rendimiento, debido a que estas opciones no hacen más que alterar la química cerebral, deprimir el sistema inmune y complicar la recuperación biológica y emocional a largo plazo.

Ten presente lo esencial …

Mantenerse activo en la reconstrucción de Venezuela nos devuelve el sentido de control y de propósito, elementos vitales para superar cualquier adversidad. No obstante, este impulso debe nacer siempre desde el equilibrio interior y jamás desde una autoexigencia extrema que destruya nuestra salud y bienestar en el proceso.

Si transcurren los días y notan que la ansiedad, el insomnio crónico o el pánico paralizante no ceden, tengan la humildad de buscar acompañamiento profesional. En momentos de emergencia, afortunadamente suelen activarse redes de apoyo psicológico institucional y gratuito a las que no debemos dudar en acudir.

Evolucionar espiritualmente y mejorar nuestra salud física es un trabajo diario de hormiga que se intensifica en los momentos de oscuridad. Los invito a reflexionar sobre esto: levantemos al país, sí, pero hagámoslo con la espalda recta, la mente clara y el corazón protegido. Solo estando bien nosotros mismos, podremos ser el faro que guíe a los demás hacia un puerto seguro.

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