En Venezuela se cumplen tres semanas de un “doble terremoto”, que ha llenado de dolor a todo un país y al mundo entero. Aún tiembla, muchas réplicas se han presentado y miles de personas se encuentran colaborando, con todos aquellos quienes, de una manera u otra, fuimos afectados por esta tragedia.
Este terremoto, ha dejado un saldo muy doloroso de vidas perdidas, miles de heridos y familias desplazadas. Como traumatólogo con años de experiencia en el manejo de politraumatizados, quiero contribuir, además de especialista, con información que sume, no solo en estas horas críticas, sino también para fortalecer nuestra resiliencia y esperanza.
Durante estos días, muchos colegas y yo hemos atendido víctimas de la tragedia, que presentan extremidades severamente lesionadas y que desarrollan lo que se conoce como: El síndrome por aplastamiento. Este síndrome, es una de las complicaciones más temidas cuando las personas quedan atrapadas bajo los escombros y se produce como consecuencia de la compresión prolongada, que ejercen esos escombros, sobre los diferentes grupos musculares.
Durante el rescate de las víctimas, al liberar esa compresión, el organismo reacciona a esa serie de sustancias que se liberan, como son: mioglobina, potasio, ácidos y otras sustancias que pueden dañar gravemente los riñones, alterar el ritmo del corazón e incluso causar una falla multiorgánica.
En el terreno del desastre, los rescatistas deben priorizar estabilizar a las víctimas y comprender que las liberaciones o rescates, sin preparación, puede ser más peligrosa que la propia compresión. Pero el verdadero valor está más allá del aplastamiento; la mayoría de las lesiones en los terremotos, no son por compresión prolongada, sino por caídas de objetos, colapsos parciales de estructuras, fracturas, luxaciones, lesiones en la columna y hemorragias por heridas.
Por lo tanto, la cadena de supervivencia, es un concepto que debemos internalizar y aprender como sociedad. Prevención y preparación siempre será la clave: conocer rutas de evacuación, tener morrales o bolsos de emergencia con agua, radio, linterna, botiquín de primeros auxilios y documentos personales. Implementar la cultura de los simulacros institucionales, ya que estos salvan más vidas, que cualquier rescate heroico:
- La atención prehospitalaria es clave luego de un rescate: control de hemorragias, inmovilización de fracturas y el traslado seguro es extremadamente importante. No solo es “ver” que las personas rescatadas no tienen heridas, sino el contexto de todo lo vivido por esa persona bajo los escombros.
- Atención en centros de salud que cuenten con servicios multidisciplinarios y rehabilitación: Realizar una cirugía traumatológica oportuna, el manejo de las heridas complejas, la prevención de infecciones y la rehabilitación temprana, ayuda a evitar secuelas permanentes en las personas afectadas.
Esta cadena de supervivencia solo funciona cuando la población, los rescatistas, profesionales de la salud, voluntarios y autoridades gubernamentales actúan de manera coordinada. Los estudios señalan, que la mortalidad tardía (días después) suele superar a la inmediata, si falla la coordinación, de esta cadena de acontecimientos. Por lo tanto, los próximos días siguen siendo críticos, para esas víctimas.
La gran mayoría del pueblo venezolano es solidario y quienes deseen ayudar, deben organizarse y pueden hacerlo de forma efectiva y eficaz: donando insumos, apoyando a los equipos de rescate sin interferir su labor y sobre todo, debemos prepararnos desde ya, para futuros eventos naturales como estos, porque lamentablemente, los terremotos no avisan.
Hoy acompaño el dolor de todos mis compatriotas y de todas las familias afectadas. Considero que una de las formas de honrar a las víctimas, es convertir esta tragedia en un aprendizaje colectivo y actuar en consecuencia desde nuestros espacios.
Esa cadena de supervivencia, debe seguir en cada uno de nosotros. Comparte esta columna si consideras que alguien necesita leerla y sígueme por mis redes sociales @drmendezve para obtener información sobre salud, deporte y bienestar.
¡Te amo VENEZUELA!

