Con la reapertura gradual de la frontera aérea entre Venezuela y Aruba, cientos de viajeros vuelven a mirar hacia el Caribe neerlandés, pero antes de comprar el boleto deberán resolver un obstáculo que puede frenar el viaje.
Se trata de la gestión del visado caribeño, cuya disponibilidad será determinante para que muchos venezolanos puedan ingresar a la isla.
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Durante una entrevista con Noticia Impacto, Ronella Croes, representante de la Oficina de Turismo de Aruba, explicó que el flujo de pasajeros venezolanos dependerá directamente del cumplimiento de los requisitos migratorios y de la velocidad con la que se otorguen los permisos de entrada, un proceso que no está exento de límites.
Ese límite es el dato que más debe pesar antes de concretar cualquier compra de boleto, ya que las solicitudes de visa deben tramitarse exclusivamente ante la representación diplomática del Reino de los Países Bajos en Caracas, y existe un tope de 8.000 visados por año.
Croes precisó que esa cifra no está reservada para quienes viajan a Aruba, sino que corresponde al total anual disponible para todos los territorios caribeños del Reino, de modo que cada visa aprobada para Curazao o Bonaire reduce la cuota disponible para el mercado venezolano.
VÍAS DE EXENCIÓN
Sin embargo, no todos los pasajeros dependen de ese cupo administrado en Caracas. La Oficina de Turismo recordó que un sector importante de los viajeros tradicionales cuenta con vías de exención.
Quienes tienen visa de Estados Unidos vigente, poseen un Schengen múltiple, y propiedades, vínculos familiares directos o registros comerciales en la isla, todos ellos figuran con acceso regulado por fuera del tope general.
La Oficina de Turismo de Aruba aseguró que seguirá monitoreando el comportamiento del mercado venezolano y coordinando con sus aliados en el país para avanzar hacia una reactivación ordenada de la ruta aérea entre ambos destinos.

REANUDACIÓN DE VUELOS
Venezuela y Aruba reanudaron a partir del pasado sábado 1 de agosto sus conexiones aéreas interrumpidas desde 2019 tras una grave crisis política con el archipiélago ABC (Aruba, Bonaire y Curazao), cercano a las costas venezolanas.
Nicolás Maduro, capturado en una operación militar estadounidense el pasado 3 de enero, prohibió toda conexión marítima y aérea con el archipiélago, en momentos en que la oposición intentaba ingresar ayuda humanitaria a Venezuela.
Como se recordará, la ayuda procedente de Estados Unidos debía transitar por el archipiélago hasta Venezuela, que atravesaba una grave crisis económica y escasez de todo tipo. Sin embargo, Maduro lo consideró como un intento de invasión.
Las conexiones marítimas con Aruba, situada a unos 30 kilómetros de la costa noroeste de Venezuela, se reanudaron unos meses más tarde, pero faltaba la conexión aérea.
«La frontera aérea entre Aruba y Venezuela será reabierta de manera gradual a partir del 1 de agosto de 2026», anunció en un comunicado el pasado viernes el ministro arubeño de Transporte, Turismo y Trabajo, Wendrick Cicilia.

