Las autoridades de Estados Unidos optaron por deportar migrantes, incluyendo a venezolanos, hacia Liberia, en donde quedaron expuestos a una peligrosa odisea en uno de los países más empobrecidos de África.
La organización Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (Veppex), con sede en Miami, publicó un informe sobre estas deportaciones. Desde un principio, alertó que el tercer país, en este caso Liberia, podría funcionar como una escala.
Aquellos venezolanos que no puedan integrarse, obtener asilo o viajar legalmente, podría terminar aceptando regresar al país. Aunque se trate de una decisión «voluntaria», estaría motivada por el hambre, la indigencia, la ausencia de alternativas o el largo periodo de detención.
«Una transferencia que termina forzando a la persona a regresar al lugar donde enfrenta persecución o tortura puede producir una devolución indirecta o en cadena. Las garantías diplomáticas generales no sustituyen la evaluación individual ni un mecanismo independiente que impida el retorno posterior a Venezuela», apuntó la ONG.
OBSTÁCULOS DE LOS VENEZOLANOS
Estados Unidos acordó con Liberia la recepción de 1.200 migrantes durante 12 meses. El primer grupo, compuesto por 20 personas entre venezolanos y cubanos, llegó al país africano el 20 de agosto.
Según Veppex, el primer obstáculo de los venezolanos es no tener un pasaporte vigente o comunicación con una autoridad consular. Esta situación dificulta la regularización de su estatus, acceso a empleo formal o desplazamiento fuera del país.
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El gobierno liberiano afirmó que los deportados podrán solicitar asilo o abandonar el país. Sin embargo, Veppex dudó de las posibilidades de hacerlo, alegando que algunos venezolanos no tienen pasaporte, una visa, recursos económicos y algún país dispuesto a recibirlos.
El principal riesgo radica en que Liberia se convierta en un punto medio antes de un retorno a Venezuela. «El traslado podría convertirse en una forma de destierro y confinamiento migratorio indefinido», sentenció el informe.

