Entre yates, fiestas VIP y poder militar, un nieto de Raúl Castro emerge como el inesperado intermediario en las conversaciones entre Cuba y la administración del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en un momento crítico para el futuro del sistema comunista en la isla.
Una década después de la muerte de Fidel Castro, el centro de gravedad del poder cubano parece haberse desplazado hacia una figura tan influyente como polémica: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como El Cangrejo.
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De acuerdo con El Nuevo Herald, Coronel de 41 años, nieto mayor de Raúl Castro e hijo del fallecido general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja —arquitecto del conglomerado militar GAESA— e hija del dictador, Deborah, combina una vida de privilegios y lujos con un rol clave en la estructura de seguridad del país.
Su cercanía con su abuelo, quien a sus 94 años sigue siendo descrito por la prensa oficial como «el líder de la revolución», lo ha convertido en un operador indispensable en las decisiones más sensibles del Estado.
Ese peso quedó en evidencia el pasado 26 de febrero, cuando Rodríguez Castro abordó un Dassault Falcon 900 desde un aeropuerto militar en Baracoa rumbo a San Cristóbal, donde se reunió con un asesor del secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, durante un encuentro de líderes caribeños.
También sostuvo conversaciones con un alto funcionario del Departamento de Estado en La Habana, pese a no ocupar cargos formales en el gobierno ni en el Partido Comunista.
Igualmente, asistió al entierro de 4 de los 32 guardaespaldas cubanos muertos durante el ataque militar estadounidense para capturar a Nicolás Maduro en Caracas el pasado 3 de enero.
Para Washington, según fuentes del mencionado medio de comunicación, él representa un canal directo hacia Raúl Castro, en un contexto donde el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, es percibido como una figura con poder limitado.

¿POR QUÉ EEUU «CONTACTA» AL CORONEL CASTRO?
La revelación de que la administración Trump ha optado por negociar con la familia Castro a través del nieto ha generado sorpresa y división entre los cubanoamericanos en Miami, un escenario que en otros tiempos habría provocado protestas masivas.
Para Rubio, sin embargo, la lógica es clara: la familia Castro continúa siendo el núcleo del poder real en Cuba, y Rodríguez Castro —más joven, menos ideológico y con experiencia internacional— podría tener incentivos para asegurar la continuidad de los intereses familiares en una eventual transición política.
Además, el ascenso de El Cangrejo contrasta con su imagen pública, marcada por videos filtrados donde aparece en yates, fiestas y escenarios de conciertos, abrazando sin reservas el reguetón y símbolos del consumo capitalista.
Aunque quienes lo conocen lo describen como un hombre sin formación política sólida y con dificultades para expresarse en público, también advierten que sería un error subestimarlo.
Esto último, aclara el diario, porque su acceso irrestricto al círculo íntimo de Raúl Castro y su rol como intérprete y ejecutor de sus decisiones lo convierten en una figura central en la arquitectura del poder cubano.
Su vida, moldeada desde niño entre escoltas, armas y privilegios, lo ha colocado en una posición única para influir en el rumbo de un país que enfrenta una de las crisis más profundas de su historia reciente.
«Para Rodríguez Castro, el reloj corre, dada la crisis humanitaria en curso del país, la avanzada edad de su abuelo y el estilo mercurial e impredecible de toma de decisiones de Trump. Sobre las negociaciones gravitan las amenazas de Trump de “tomar” Cuba y su demostrada disposición a usar la fuerza militar para lograr objetivos de política exterior», se advierte en el mismo artículo de dicho periódico.
