El activista social Óscar Morales López, de 56 años de edad, relató los momentos que vivió luego de su aprehensión el sábado 12 de septiembre en Caracas, a tan solo un día de haber estado presente en la marcha de familiares de prisioneros políticos en las inmediaciones del Palacio de Miraflores.
Luego de momentos de angustia y ante la exigencia de distintos sectores, Morales quedó en libertad y dio a conocer que lo llevaron por diferentes sedes policiales con el rostro cubierto. Asimismo, indicó que intentaron abrirle un expediente por «porte ilícito de arma», procedimiento que terminó anulado.
LEA TAMBIÉN: VIDEO: CÉSAR PÉREZ VIVAS PIDIÓ A LA MESA DE DIÁLOGO DECLARARSE EN «SESIÓN PERMANENTE»
En entrevista con Seir Contreras, el ciudadano detalló que las personas que lo abordaron le expresaron que el procedimiento obedecía a una «orden superior», confirmando que la causa era su presencia en la manifestación.
«Ellos, ahí me dicen: ‘¿sabes por qué estás aquí?’ ‘No’. Ahí sí, fue la única vez que me dijeron: ‘fue una marcha'», dijo.
De acuerdo con sus palabras, le colocaron una chaqueta oscura sobre la cabeza para trasladarlo a rumbo desconocido.
Ver esta publicación en Instagram
A las sedes policiales a las que lo llevaron, las autoridades lo cuestionaron sobre el origen de los recursos para las dinámicas que realizó en la marcha. Morales aclaró que él mismo elaboró y repartió de forma manual los mensajes en favor de los detenidos. Manifestó que su única intención al acudir era exigir la libertad de los prisioneros y de todo el país.
SUPUESTO PORTE ILÍCITO DE ARMAS
El punto de mayor controversia ocurrió cuando, según Óscar Morales, pretendían procesarlo por tenencia de armas, a pesar de que su única acción fue distribuir volantes de papel hechos a mano. Cuestionó que se considere como un delito o como un arma el hecho de salir a manifestar y repartir pancartas.
Óscar Morales indicó que, posteriormente, un jefe policial le informó que saldría libre al reconocer que se trataba de un acto injusto y que la acusación en su contra no procedería. Antes de soltarlo, le devolvieron sus pertenencias personales, entre ellas sus llaves, teléfono y lentes.
Su caso generó una pronta movilización de familiares, defensores de derechos humanos y líderes políticos. Su esposa, Josefina Guillén, visitó varios recintos de detención para dar con su ubicación, mientras se denunciaba que lo interceptaron personas armadas en un vehículo blanco sin matrícula.
Al quedar en libertad, el activista afirmó que no tiene miedo y que buscará nuevas vías para mantener su labor ciudadana.

