«Siento que jamás podré arrancarme ese olor a muerte»: El desgarrador testimonio de una rescatista que trabajó 18 días en La Guaira

Kharelys Mendez
4 Min de Lectura
La Guaira
Cortesía de Daniela Villarroel

Daniela Villarroel, integrante del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de la Universidad Central de Venezuela (UCV), relató la dura experiencia que vivió en La Guaira durante los días en los que ayudó tras los devastadores terremotos.

«No podía dormir, no tenía apetito, oía voces. Lo más fuerte para mí fue el olor… Era un olor tan fuerte que no tenía punto de comparación. Siento que jamás voy a poder arrancarme ese olor a muerte», indicó durante una entrevista con BBC Mundo.

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La joven de 28 años suspendió su trabajo como nutricionista durante tres semanas para ayudar en el rescate de sobrevivientes y la recuperación de cuerpos en La Guaira.

«Apenas te veían, los sobrevivientes te tomaban de la mano para llevarte hasta el sitio donde habían quedado sus familiares. Cuando te asomabas a las estructuras, veías cráneos aplastados por columnas, pies aprisionados, personas aplastadas por la mitad y sangre reciente sin ver a la persona que había quedado aplastada», indicó.

Cortesía de Daniela Villarroel

ENTRAR A LOS TÚNELES 

La joven, quien se certificó como paramédica en Dublín antes de comenzar sus estudios universitarios, era la encargada para entrar a los escombros debido a su estatura y su peso.

«Imagínate que estás dentro de un túnel, ahí dentro de ese huequito, y ocurre una réplica y lo primero que escuchas es la gente diciendo: ‘Está temblando otra vez’. Entonces ves piedras o tierra cayendo. En ese momento, lo más importante es el apoyo psicológico al sobreviviente. Decirle que se calme, decirle que ya lo estamos ayudando. Por eso hay que mantener la calma, porque tú eres el sostén. Si tú te quiebras, más rápido se va a quebrar él», señaló.

Sin embargo, a pesar de las duras imágenes que veía, Daniela no retrocedió y durante 18 días continuos estuvo prestando ayuda sin recibir nada a cambio. Esto debido a que por ser un cuerpo de bomberos voluntarios no devengan un sueldo y disponen de los equipos que compran con su propio dinero.

«Cuando ocurrió el terremoto, sólo tenía mis guantes personales y un cordino, que es una cuerdita de metro y medio que la llevas en el bolsillo por si tienes que amarrar algo», recordó.

Cortesía de Daniela Villarroel

Daniela expresó que entre sus primeros rescate estuvo el de un joven llamado Gabriel de 22 años que respiraba gracias a «una especie de colchón de aire» que crearon a su alrededor los cuerpos de su padre, su madre y su esposa embarazada.

«Bajé como unos seis metros por un túnel de un metro de diámetro. Tenía que entrar como si fuese un gusanito. Desde la incomodidad, me puse a liberar espacio para tener las dos manos libres y empujar con los pies», dijo. Una vez que llegó a él descubrió que estaba boca abajo y solo le veía los pies, el abdomen y la cabeza.

EL OLOR 

Sin embargo, con el pasar de los días, los rescates se complicaban y a esto se sumaba el olor putrefacto de los cadáveres.

«Ese olor se te pega al uniforme, a tus guantes, a lo que tengas puesto. Tuve que botar ropa, lavar y lavar mi uniforme porque solo tenía uno. Después todo me olía a lo mismo, incluso las toallas», mencionó.

Daniela no logró llorar hasta tres semanas después del terremoto, en una consulta con su terapeuta. «El sentimiento que me persigue es que pude haber hecho más», dijo.

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