La pérdida de una mascota de compañía implica un proceso de duelo único que afecta las rutinas diarias y genera emociones profundas.
Un estudio con 975 adultos del Reino Unido, publicado en la revista PLos ONE, reveló que una de cada cinco personas que perdió tanto a una mascota como a un ser querido cercano señaló la muerte de un animal como su duelo más doloroso.
El 7,5% identificó la muerte de su mascota como un duelo prologando. Esa cifra resulta muy cercana a la de quienes perdieron a un amigo cercano (7,8%) o a otro familiar como un abuelo, tío o primo (8,3%).
Diversas instituciones veterinarias y de salud mental coinciden: el vínculo con una mascota tiene un impacto real en el bienestar emocional, y su ruptura exige atención, no indiferencia.
La tristeza surge porque el animal representa un vínculo de apego incondicional y un miembro de la familia, la conexión se basa en la presencia diaria, los paseos, las miradas y el afecto sin exigencias. Aunque a veces no reciba la validación adecuada.

La muerte de una mascota representó el 8,1% de esos casos, un valor superior al de la muerte de una pareja o de un hijo.
La explicación es que, aunque esas pérdidas humanas provocan un duelo más intenso en términos individuales, la muerte de animales de compañía ocurre con mucha mayor frecuencia y, por eso, genera más casos en el conjunto de la población, reseñó Infobae.
EVITA REEMPLAZOS APRESURADOS
Date tiempo antes de adoptar otra mascota para no volcar expectativas injustas sobre un nuevo animal. Escribe una carta, guarda su collar o arma un pequeño rincón con una foto. También rodéate de personas que entiendan lo que significa perder a un animal de compañía, muchas personas minimizan el dolor con frases como «solo era un animal».

La Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell describió las etapas habituales del duelo: shock o negación, búsqueda y añoranza, desorganización y reorganización, la mayoría de las personas nunca supera la pérdida, pero aprende a convivir con ella, así como a un ser querido.
También dijeron que «la compañía de un animal no reemplaza la atención de un profesional de la salud mental». Por lo que las personas que atraviesan un momento difícil deben buscar ayuda y apoyarse en su entorno.
Cuando muere los animales de compañía no perdemos una mascota, perdemos parte de nuestra vida cotidiana. Es un vínculo único que nos acompañan en lo cotidiano y ocupan un lugar real en nuestra vida emocional. En ese sentido, hay que hacernos cargos y no tenerlo y descuidarlo ya que ellos sienten también.
