La mayoría de los usuarios de WhatsApp en el mundo ya no escucha las notas de voz a su ritmo original. Prefieren reproducirlas a velocidad 1.5x, un hábito que se analizó en un reciente estudio para entender qué hay detrás.
Los investigadores encontraron dos motivos principales. Una gran parte de los encuestados afirmó que lo hace por optimización y ahorro de tiempo en sus rutinas diarias.
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Otro porcentaje significativo de los encuestados, admitió que la prisa responde a la ansiedad por contestar rápido.
El estudio señaló, de acuerdo con lo reseñado por Infobae y otros medios, que las personas perdieron la paciencia para escuchar mensajes extensos a su velocidad original. Y, de hecho, acelerar el audio dejó de ser una excepción y pasó a ser un gesto cotidiano para millones de usuarios en todo el planeta.
Como era de esperarse, las conclusiones abrieron un debate sobre la vida moderna. Para unos, acelerar es una forma práctica de manejar el tiempo. Para otros, es una señal de la urgencia constante con la que se vive hoy, incluso en las conversaciones más informales.

¿ES BUENO O MALO?
Diego Redolar, profesor de Neurociencia y Vicedecano de Investigación de la Facultad de Psicología en la Universitat Oberta de Catalunya, señaló que este hábito tiene riesgos y beneficios.
Si bien acelerar la reproducción de un mensaje reduce el tiempo de escucha, también implica perder elementos esenciales del contenido, como la prosodia: las pausas, inflexiones, tono de voz y otros matices que aportan una carga emocional al mensaje.
En concreto, la práctica podría afectar la memoria a corto plazo y la forma en que se interpreta el mensaje que se transmite.
Cada audio o video tiene una complejidad particular. En el caso de las obras culturales, como las películas, los silencios, las pausas y los ritmos están cuidadosamente diseñados.
Estos elementos son procesados por la amígdala cerebral y podrían pasar inadvertidos cuando el contenido se reproduce a una velocidad mayor, según recoge El País.
No obstante, los científicos señalan que todavía es pronto para determinar con precisión cuáles podrían ser las consecuencias de este hábito.

