¡Hola, feliz miércoles para todos! Siempre es un gran placer saludarlos y por supuesto, brindarles información a través de: IMPULSO SALUDABLE. Los invito a que lean las columnas anteriores, visiten mis redes sociales y las de Caraota Digital. Ahora pasemos al tema que les traigo, el día de hoy…
Continuando en esta onda futbolera que nos trae el mes de junio, les quiero hablar sobre los calambres, que los podemos definir como contracciones involuntarias, súbitas, dolorosas y sostenidas de un músculo o grupo muscular, originadas por descargas neurológicas. A nivel deportivo, están asociados al ejercicio (CME) y estos pueden ocurrir, durante o inmediatamente después de la actividad física.
Los calambres son considerados fenómenos benignos y autolimitados, pero en la mayoría de los casos, pueden afectar el rendimiento deportivo y ser recurrentes. Se distinguen de otros fenómenos como las fasciculaciones, porque producen dolor y se clasifican en:
- Calambres primarios o idiopáticos: Son los más frecuentes, no presentan una causa subyacente clara y son comunes en adultos mayores.
- Calambres asociados al ejercicio (CME): Son los que se generan por el esfuerzo físico, especialmente en deportes de resistencia como el fútbol.
- Calambres secundarios: Son los relacionados a patologías neurológicas, metabólicas, endocrinas, vasculares, medicamentos, desequilibrios hidroelectrolíticos, etc.
En el contexto deportivo, los CME son multifactoriales, se asocian principalmente a fatiga neuromuscular, factores intrínsecos y extrínsecos como la intensidad-duración del ejercicio, el calor y la deshidratación. La hipótesis predominante actual es, control neuromuscular alterado: fatiga muscular → desequilibrio → hiperexcitabilidad de las neuronas.
Para diagnosticar de manera efectiva estas manifestaciones neuromusculares es importante elaborar una historia clínica detallada, conocer la localización y los factores desencadenantes (intensidad alta, duración prolongada, calor/humedad, fatiga previa, historia de calambres, ingesta de líquidos/electrolitos, medicamentos).
El enfoque terapéutico aceptado actualmente y basado en la evidencia es:
- Tratamiento agudo: Estiramiento suave y sostenido del músculo afectado y mantener hasta la resolución, de 1-5 minutos. Combinar con masaje deportivo suave y reposo.
- Continuar actividad física, solo si el calambre se resuelve completamente y el deportista se siente capaz de continuar.
- Reposición de líquidos y sodio, si hay evidencia de algún déficit.
Uno de los aspectos más relevantes y que por lo general no se le da la importancia necesaria es a la prevención, caracterizada por un entrenamiento progresivo, que retrasa la fatiga neuromuscular y evita aumentos bruscos de volumen/intensidad, durante la actividad física. Se deben diseñar estrategias nutricionales y de hidratación, que permitan reponer electrolitos en sudoración profusa o en ambientes muy calurosos.
Es importante que el deportista y su entorno aprendan que los calambres son, principalmente, un marcador de fatiga neuromuscular. La clave siempre va a estar dirigida hacia la prevención, con entrenamientos inteligentes e individualizados.
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