El cerrajero llegó tarde

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Hay algo incómodo en la ciberseguridad de 2026: mientras una empresa decide cuándo cerrar una puerta, alguien del otro lado ya está probando la cerradura.

El 11 de agosto Microsoft corrigió CVE-2026-68820, una vulnerabilidad en AFD.sys, un componente de Windows relacionado con las comunicaciones de red.

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Imagine que un intruso entra al estacionamiento de un edificio, pero todavía no puede subir a los apartamentos. Esta falla le permite conseguir la llave de servicio, llegar hasta la conserjería y moverse como si fuera el dueño.

En criollo: consiguió las llaves maestras.

Lo inquietante es que cuando Microsoft cerró esa puerta, Lazarus, el grupo de ciberespionaje vinculado a Corea del Norte, ya sabía cómo abrirla.

Y su arma inicial puede parecer una oferta de trabajo.

La campaña se conoce como Operation Dream Job. Falsos reclutadores contactan a profesionales de sectores sensibles con propuestas atractivas y documentos creíbles.

Es la versión digital de aquel desconocido que llega diciendo: “vengo recomendado por fulano”. Uno baja la guardia porque el cuento tiene sentido.

Después comienza lo técnico.

Una vez dentro, Lazarus podía aprovechar la vulnerabilidad para aumentar sus privilegios y desplegar FudModule, una herramienta diseñada para dificultar que las defensas detectaran al atacante.

No solamente entraron a la casa. Intentaron apagar las cámaras y desconectar la alarma.

Hay un detalle irónico: parte de la infraestructura analizada utilizaba ML-KEM, criptografía pensada para resistir futuras computadoras cuánticas. Mientras algunas organizaciones necesitan reuniones para actualizar Windows, un actor presuntamente estatal ya incorpora tecnología post-cuántica en sus operaciones.

Pero el riesgo no termina ahí.

Otra amenaza ataca la confianza con la que construimos software.

Se llama Shai-Hulud, como los gusanos de arena de Dune.

Piense en una ferretería. Un albañil compra tornillos y bisagras porque confía en quien los vende. Los programadores hacen algo parecido con componentes de terceros distribuidos en repositorios como npm.

Shai-Hulud ataca esa confianza. Puede comprometer paquetes legítimos, robar credenciales y utilizar esos accesos para propagarse.

Es como descubrir que alguien alteró repuestos dentro de cajas originales. El cliente reconoce la marca, confía, instala y el problema ya viene adentro.

Ahora agreguemos inteligencia artificial.

Los agentes de IA ya pueden leer archivos, consultar repositorios y utilizar herramientas corporativas. Una tecnología que permite conectarlos con sistemas externos se llama MCP, Model Context Protocol.

Piense en MCP como una especie de USB universal para la inteligencia artificial.

Eso vuelve la IA mucho más útil, pero obliga a cambiar una pregunta fundamental.

Durante años preguntamos: ¿quién tiene acceso a este sistema?

Ahora debemos agregar otra: ¿a qué tiene acceso nuestra inteligencia artificial?

GitHub ya introdujo controles para decidir qué servidores MCP pueden utilizarse y cuáles deben bloquearse. Eso ya es gobernanza.

Lazarus, Shai-Hulud y MCP no forman parte del mismo ataque. Pero juntos cuentan una historia inquietante: estamos abriendo puertas nuevas mientras todavía tenemos problemas cerrando las antiguas.

Para América Latina el mensaje es claro. Todavía existen organizaciones donde un parche crítico necesita correos, reuniones y semanas de espera. Cuando una vulnerabilidad ya está siendo explotada, esa demora se convierte en tiempo regalado al atacante.

Y tampoco basta con comprar más tecnología. Puede tener el firewall más caro y un SOC lleno de pantallas. Si alguien consigue la llave correcta, la alcabala sirve de poco.

La defensa vuelve a cosas menos sexys pero fundamentales: menos privilegios, protección de credenciales, actualizaciones rápidas y límites claros sobre lo que una inteligencia artificial puede hacer.

Porque la tecnología cambia.

La confianza sigue siendo el objetivo.

Lazarus puede comenzar con una falsa oferta de empleo. Shai-Hulud se aprovecha de nuestra confianza en una pieza de software. Y una inteligencia artificial será tan segura como las puertas que decidamos dejarle abrir.

La pregunta fundamental ahora quizás no sea qué puede hacer la inteligencia artificial por nosotros.

Será otra:

¿a quién le estamos entregando las llaves?

Microsoft cerró esta semana una puerta de Windows.

El problema es que, cuando llegó el cerrajero, el ladrón ya había aprendido cómo abrirla.

Rafael Núñez Aponte
CEO @MasQueSeguridad
Columnista Radar Cibernético


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