La tiranía del «todo bien»: El derecho a no estar perfecto

4 Min de Lectura

— ¿Cómo estás? — ¡Todo bien! Es la respuesta. La recitamos casi en piloto automático apenas nos cruzamos con alguien, saludos en la oficina o respondemos un mensaje. Se ha convertido en una especie de código de cortesía moderno, un escudo social diseñado para no preocupar a los demás y, sobre todo, para evitar tener que lidiar con la propia vulnerabilidad. Vivimos en una época que nos exige rendir al máximo, mostrar una sonrisa inquebrantable y certificar públicamente que nuestra vida marcha sobre ruedas, como si la fragilidad fuera un defecto de fábrica.

​Pero la realidad es terca. Y debajo de esa capa de barniz, el motor empieza a hacer ruido. Nos han vendido la idea de que la pausa es sinónimo de pereza y que tristeza, cansancio o frustración son fracasos personales. Si un día las fuerzas flaquean, nos castigamos mentalmente por no estar «al 100%».

- Publicidad -

Hemos caído en la trampa de la positividad tóxica: esa narrativa que nos impone estar bien, ignorando que el desgaste emocional no desaparece solo porque decidamos barrerlo debajo de la alfombra de las redes sociales.

​Lo paradójico es que todos, en mayor o menor medida, estamos remando contra corrientes similares. Nos agotamos intentando sostener la fachada de que todo está bajo control en un entorno que cambia todos los días. Nos da miedo admitir que estamos cansados porque tememos que nos etiqueten de débiles o improductivos.

​Sin embargo, la fortaleza no radica en sostener una sonrisa mientras todo a nuestro alrededor arde. La verdadera madurez emocional está en aprender a reconocer cuándo necesitamos parar, respirar y decir: «Hoy no puedo con todo, no pasa nada».

​Admitir que un día no tenemos la energía para comernos el mundo no nos hace menos capaces; nos hace humanos. Nos conecta con los demás desde la empatía y no desde la competencia por ver quién aparenta ser más feliz. Al final, los vínculos sinceros no se construyen compartiendo filtros de perfección, sino reconociendo grietas mutuas.

​Para que esta semana bajes el ritmo a la autoexigencia, te dejo tres tips que yo intento aplicar cuando el motor empieza a fallar:

1. ​Vive tus emociones sin culpa: Si hoy estás cansado o abrumado, acéptalo. No intentes disfrazar un mal día con una sonrisa. Ponerle nombre a lo que sientes («hoy estoy frustrado» o «estoy agotado») es el primer paso para soltar peso.

2. ​Cierra el filtro de la perfección ajena: Cuando sientas que todo el mundo triunfa menos tú, recuerda que las pantallas son un carrete de momentos editados, no un documental de la vida real. Desconéctate un rato de la comparadera.

3. ​Practica la micro-pausa: No necesitas irte a un retiro espiritual. A veces basta con cinco minutos sin pantallas, ni responderle a nadie y no producir nada. Solo respirar y dejar que el cuerpo y la mente descansen sin remordimientos. ​Porque estar bien no significa estar siempre impecables, sino aprender a habitarnos con compasión.

​¿Seguimos hablando de esto? Te invito a que me leas, compartas tus opiniones en mi cuenta de X @Soybabuito y en TikTok @Babuito, donde seguimos reflexionando sin filtros.


Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.
Compartir este artículo
TASA BCV Mar 03/11
$ USD: 891,10 Bs
€ EUR: 997,92 Bs