El mito de que el semen actúa como un antidepresivo natural proviene de un estudio de 2002 de la Universidad Estatal de Nueva York en Albany, el cual sugería que las hormonas presentes podrían absorberse y mejorar el estado de ánimo.
EL MITO DEL «ANTIDEPRESIVO NATURAL«
El semen contiene hormonas como la testosterona, el estrógeno, la prolactina, las prostaglandinas, y algunas de ellas se absorben a través de las paredes de la vagina y se sabe que mejoran el estado de ánimo. Sin embargo, no existe evidencia suficiente para afirmar que el semen actúa como antidepresivo.
La satisfacción sexual, la estabilidad emocional o la calidad del vínculo, podrían explicar parte de la diferencia observada en los niveles de depresión.

El estudio de Gallup, que considera «el primer intento serio de investigar el efecto de la química del semen en las mujeres», causó revuelo en el público y molestó a algunos académicos tras su publicación en Archives of Sexual Behavior.
Gallup afirma que desde entonces ha replicado los hallazgos con una muestra de 700 mujeres y que examinará si la «abstinencia sexual» aumenta el riesgo de depresión en las mujeres durante la etapa premenstrual, la menopausia o después del parto, dado que muchas mujeres se abstienen de tener relaciones sexuales durante estos periodos.
Es decir, aunque el debate sobre el semen y el estado de ánimo suele viralizarse por lo llamativo del tema, la ciencia es clara: no existe evidencia de que el líquido seminal funcione como antidepresivo.
El bienestar observado en los estudios se atribuye a la intimidad, la conexión emocional y la estabilidad de la pareja, y no a una reacción química corporal.
