Hay una frase que escucho con frecuencia de algunos venezolanos que viven en el exterior: “Doctor, extraño a mis médicos venezolanos”. Es una nostalgia por esa forma de atender. El médico venezolano te llama por tu nombre, examina, pregunta por hijos, trabajo y recuerda tus antecedentes, aunque te hayas mudado del país.
En Venezuela, esa relación médico-paciente es muy cercana, con vínculos de confianza, más allá de un servicio de salud. El paciente se queda con “su doctor”, porque se siente cuidado y acompañado. Esa cercanía, tiene un valor: el médico conoce tu historial médico, el de tu familia, miedos y además cómo reaccionas a cada tratamiento.
En traumatología, por ejemplo, seguir ese esguince, cirugía de la rodilla o del hombro, dolor de espalda recurrente, consejos; definitivamente tienen una incidencia real en la recuperación.
En países desarrollados, la historia parece ser distinta. Allí, el sistema de seguros cambia con frecuencia de médico y de red de atención. Muchos pacientes no cuentan con un “doctor de cabecera” y terminan saltando de especialista en especialista.
Por otra parte, en los países que cuentan con los “médicos de familia”, según refieren pacientes y familiares en el extranjero, a veces falta ese calor humano que tiene el médico venezolano.
Adicionalmente, las segundas opiniones son legítimas y éticas, aunque algunos lo vean como “infidelidad” o “montar cacho”. Con esta práctica, se busca claridad cuando existen dudas. Pero considero que algunos inconvenientes se presentan, cuando le sugieren u obligan al paciente, a cambiar de médico sin que el paciente lo desee.
Las recomendaciones, si te encuentras en alguna de estas situaciones:
1. Al paciente: Mantenga la confianza con su médico, pero no tenga miedo de pedir otra opinión, cuando así lo necesite. Pero siempre, hágalo con transparencia.
2. Al médico: No se ofenda. La fidelidad con su paciente se gana con profesionalismo, actualización académica, cercanía, claridad al informar y por los resultados obtenidos, no con exclusividad.
Y un consejo a los que se encuentran lejos o tienen familiares en el extranjero: la telemedicina ayuda a mantener ese vínculo. Gracias a la tecnología, muchos de nosotros seguimos acompañando a nuestros pacientes desde cualquier parte del mundo donde se encuentren, precisamente porque esa relación no se rompe tan fácilmente. Así que aprovechen esa tecnología si se encuentren dentro o fuera de Venezuela.
La mejor “fidelidad” se gana, cuando el paciente y su familia se sienten seguros y cuidados de verdad.
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