¡Hola, feliz miércoles para todos! Es muy grato brindarles información que les sume, a través de: IMPULSO SALUDABLE. Visiten mis redes sociales y las de Caraota Digital, para que tengan acceso a las columnas anteriores. Ahora pasemos al tema que les traigo, el día de hoy…
Mientras la fiesta del Fútbol se sigue desarrollando, podemos comentar que, a nivel profesional y recreativo, este deporte es cada vez más exigente. Durante los juegos, observamos cambios de dirección explosivos y duelos entre rivales de alta intensidad; en donde la superficie donde se juega, ya no se considera un detalle menor.
El césped o grama, es una variable que afecta directamente el rendimiento y también la salud, de los jugadores. Como traumatólogo deportivo, debo analizar y tomar en cuenta, esta y otras variables, en el campo de juego o al momento de la evaluación y el interrogatorio en la consulta. El césped artificial presenta algunas ventajas (uniformidad, resistencia, permite jugar y entrenar, sin importar el clima), pero desde el punto de vista biomecánico, puede generar más riesgos.
El césped artificial, produce una alta fricción que hace que los “tacos” de los zapatos, se enganchen en la superficie, limitando ese deslizamiento natural del movimiento. Al producirse las desaceleraciones y cambios de ritmo durante el juego, aumentan las fuerzas de torsión en las rodillas y tobillos, lo que aumenta el riesgo de lesiones graves como las roturas de ligamento cruzado anterior (LCA), esguinces severos, entre otras lesiones.
Por otra parte, el césped artificial al ser una superficie más dura, produce un mayor impacto en las articulaciones, algo especialmente preocupante en niños y adolescentes deportistas, cuyo cuerpo es esqueléticamente inmaduro. Ahora bien, el césped natural permite que el pie se desplace de forma más fluida y eso ayuda a que se absorban mejor los impactos. No es casualidad que el organismo internacional, que rige al fútbol, exige césped natural o híbrido durante el desarrollo de los eventos.
Este interés no es sólo médico, sino que es compartido por los jugadores de élite. En un estudio publicado en la revista académica Journal of Sports Sciences, recopiló opiniones de 1.129 futbolistas profesionales de 44 países y la gran mayoría expresó su preferencia por el césped natural, sobre el artificial. Aproximadamente, tres de cada cuatro de estos deportistas profesionales, consideraron que los partidos de máximo nivel, deberían jugarse siempre sobre superficie natural.
Una reflexión necesaria para padres y entrenadores: si estás formando a un niño o adolescente, o diriges un equipo, una lesión puede significar meses fuera del campo, cirugías y, en algunos casos, el final prematuro de un sueño. Por eso es importante preguntarse con honestidad:
- ¿En qué superficie entrena mi hijo, la mayoría del tiempo?
- ¿Está usando el calzado adecuado para esa superficie?
- ¿Existe un programa de prevención de lesiones?
En muchos lugares, los modelos de césped artificial de última generación, han mejorado mucho. Pero sí se trata de ser conscientes, cuando exista la posibilidad de elegir o exigir, el césped natural o un buen material híbrido, sigue siendo la opción más segura, con el cuerpo y la salud del futbolista.
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