Falleció de tuberculosis luego de tres años preso y sin juicio: OVP denunció nueva muerte bajo custodia

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El hombre de 65 años murió en un calabozo de la PNB en Barquisimeto, afectado por la tuberculosis. Fotos archivo
El hombre de 65 años murió en un calabozo de la PNB en Barquisimeto, afectado por la tuberculosis. Fotos archivo

El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) denunció la muerte, por tuberculosis, de Franklin José Abello Castellanos, de 65 años, en los calabozos de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), en Barquisimeto, estado Lara.

Informó que Abello llevaba tres años detenido, sin sentencia y ni siquiera había comenzado su juicio. “Murió de tuberculosis, una enfermedad que contrajo mientras permanecía recluido, donde su salud se deterioró durante meses sin recibir atención médica oportuna”, relató el OVP en su página web.

La muerte del sexagenario ocurrió el martes 27 de octubre, “después de varios meses presentando fiebre, dolores corporales y un malestar persistente que comunicaba a sus familiares cada vez que lograban visitarlo. Mientras que el único medicamento que recibía para aliviar los síntomas era acetaminofén”.

Lamentó la ONG que, con el paso del tiempo, “su estado de salud empeoró considerablemente. La fiebre se hizo más frecuente, comenzó a tener dificultades para alimentarse y llegó al punto de no poder sostenerse por sí mismo”.

Denunció que tal era el deterioro de Franklin José que los funcionarios policiales “informaron a sus familiares que debían moverse para conseguir su traslado a un centro asistencial”.

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Por ello, el jueves 15 de octubre, los familiares lograron trasladarlo a la emergencia del Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto, donde, pese al avanzado deterioro de su salud, no quedó hospitalizado.

“Le hicieron una placa y sus pulmones estaban demasiado comprometidos, la doctora no me lo quiso hospitalizar, me dijo que no lo podían tener, ni siquiera me lo revisó, solo mandó medicamento y me lo regresaron a Pata e’ Palo”, relató un familiar del privado de libertad.

Franklin dormía en una especie de hamaca improvisada con sábanas, conocida entre los detenidos como “aérea”. Pero cuando regresó del hospital estaba tan debilitado que no pudo subir a ella y ninguno de los otros presos quiso ayudarlo, pues, “nadie quería tocarlo”.

“Le tocó dormir en el piso, y allí eso es frío, bastante desaseado, los olores de la letrina, que está en la misma celda, se sienten, todo eso contribuyó a que empeorara”, denunció el OVP.

Al día siguiente tuvieron que trasladarlo nuevamente al hospital debido a sus dificultades para respirar, por lo que recibió oxígeno. Luego lo sometieron a una nueva evaluación médica donde observaron que tenía la espalda cubierta de manchas. Tras practicarle otros exámenes, finalmente le diagnosticaron tuberculosis.

Como no pudieron mantenerlo en ese hospital, los allegados de Abello acudieron al Hospital Luis Gómez López, donde funciona el área especializada en neumología. Pero allí les informaron que no había camas disponibles y se limitaron a enviar el tratamiento contra la tuberculosis.

“Doce días estuvo Franklin aquí hospitalizado, pero parece que los médicos y enfermeras no querían tener contacto con él. Yo tenía que suplicar para que lo atendieran, así es siempre que llega un preso, los tratan con desprecio”, denunció su familia.

Aunque Franklin recibió tratamiento durante algunos días, la enfermedad ya se encontraba en una fase avanzada y falleció el martes 27 de octubre.

“Hay que hablar porque cuando callamos tapamos muchas cosas”, expresó su familiar al OVP.

HACINADOS, ENFERMOS Y SIN ATENCIÓN MÉDICA

Los calabozos de la PNB en Barquisimeto conocida como “Pata e’ Palo” concentran actualmente la mayor cantidad de detenidos del estado Lara. Allí hay más de 300 personas privadas de libertad en unas instalaciones que originalmente funcionaban como un destacamento de Tránsito Terrestre.

El OVP conoció que “dentro de estos calabozos permanecen numerosas personas con problemas respiratorios. Pese a la presencia de tuberculosis, no se han adoptado las medidas necesarias para atender a los enfermos”, denunció la organización.

Además, en el establecimiento no hay un médico que evalúe a los detenidos. Cuando alguno presenta problemas de salud, son sus familiares quienes deben suministrarle los medicamentos, aunque muchas veces estos ni siquiera llegan a sus manos.

La alimentación también depende de las familias, encargadas de llevar diariamente la comida, pero las dificultades económicas impiden que todos los presos reciban alimentos cada día.

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